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¿TE COMES TUS EMOCIONES?




¿Alguna vez has sentido que te la vives haciendo dietas y no te funcionan? ¿De repente no puedes dejar de comer, la comida te “cae mal” o no disfrutas alimentarte? o ¿Únicamente te sientes bien cuando estás comiendo? Puede ser que el problema no sea la comida como tal, sino la relación que tienes tú con ella.



La comida es un elemento básico para la supervivencia. Mucho de lo que sucede en nuestra vida está relacionado a la comida (celebraciones, tradiciones, situaciones sociales, mientras la otra cara de la moneda presenta depresión, estrés, tristeza o angustia). La alimentación que llevamos se ve influenciada por factores biológicos, geográficos, sociales, culturales y emocionales. Es importante estar conscientes de la diferencia entre hambre fisiológica y hambre emocional- es muy diferente acompañar la emoción con comida a sustituirla.


Existe una conexión muy significativa y simbólica entre la comida y la vida emocional, lo cual no necesariamente se clasifica como algo “positivo” o “negativo” pero cuando la alimentación llega a algún extremo o empieza a causar conflictos en la vida de una persona la relación que tenemos con la comida se puede volver disfuncional.
Mucho de lo que nos mueve en la vida viene dictado por el inconsciente, y la comida es un ejemplo perfecto de esto. Esta conexión empieza desde el primer momento y la primera relación importante que tenemos en la vida con mamá- la persona encargada de nutrir y alimentarnos tanto física como anímicamente, desde este momento se establece esta conexión que perdura a lo largo de toda la vida (al momento de alimentarnos se establece y fortalece el vínculo- contacto físico, mirada, etc).



Nuestro cuerpo tiene señales para detectar el hambre y la saciedad, a veces se pueden confundir y desajustar si la situación emocional está interfiriendo.

Todos hemos sentido estrés, preocupación y/o ansiedad, muchos se han refugiado en la comida para “combatir” estos sentimientos. Esto se puede volver un hábito y llegar a depender de la comida para satisfacer las necesidades emocionales ya que se vuelve un alivio temporal a un problema o sentimiento mucho más profundo y es difícil darse cuenta que la comida no resuelve las cuestiones emocionales que lo causan, y muchas veces hacen que uno se sienta peor (es un círculo vicioso en donde como para sentirme mejor y me siento peor por la forma en la que comí). El cerebro paulatinamente empieza a relacionar la comida con sentimientos negativos.


La comida también llega a simbolizar el control y el poder, ya que uno mismo es quien decide qué, cuánto y cómo se alimenta- y a veces es más fácil tener un “control” ilusorio sobre esto que sobre las cuestiones emocionales que uno no sabe cómo manejar. Un ejemplo es tener una preocupación excesiva por el peso, la cual enmascara un conflicto más profundo.

Por otro lado el comer en exceso puede ayudar a llenar ciertos “vacíos emocionales”. Una de las consecuencias fisiológicas puede ser el sobrepeso lo cual también tiene un trasfondo emocional (por ejemplo escudarme y protegerme del mundo exterior con esta “capa”).

Mucha comida hoy en día tiene un valor “negativo”, existen personas que han hecho todas las dietas que existen y aún no logran el objetivo. Es curioso observar como al ver la comida como algo “malo” es más complicado bajar de peso ya que el mensaje que te estás transmitiendo a ti mismo es que comer es algo que “hace daño.”



Un buen ejercicio es identificar ¿Qué me hace sentir o pensar la comida?-

La comida ¿me angustia? ¿No puedo controlar lo que como? ¿Me genera mucha culpa? Y luego hacer un análisis de mi vida para poder intentar identificar, qué o quien realmente me está angustiando. ¿Qué aspectos de mi vida no puedo controlar o me hacen sentir culpable?


Es indispensable conocernos a fondo y entender que es lo que nos motiva a utilizar la comida como un medio para llenar vacíos o una vía de escape. Si logras identificar que tu relación con la comida se ha vuelto patológica probablemente sea una buena idea atender la parte emocional antes de pasar por la frustración de una dieta más… No existe una fórmula matemática, cada quien tiene una relación distinta con la comida y una representación inconsciente de la misma muy personal, por lo cual es vital que cada quien descubra qué es lo que la comida esconde.



Lee Ann Seifert

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