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  • Lee Ann Seifert Steinmetz

NO HUNDIRNOS EMOCIONALMENTE CON LA PANDEMIA

Hace tres meses el mundo como lo conocíamos se detuvo por completo. De la noche a la mañana nuestras vidas dieron un giro de 180º y nada ha vuelto a ser igual. Nuestro día a día, nuestras rutinas y nuestros planes cambiaron y nuestra libertad fue limitada de una forma que ni en sueños hubiéramos imaginado.




Los cambios, aún cuando son comunes y parte natural de la vida, siempre son complicados e implican generalmente altos niveles de tolerancia a la frustración y paciencia. En este caso el cambio fue drástico, en donde las alternativas eran y siguen siendo muy pocas.

Hemos pasado por todas las etapas de un duelo: negación, ira, negociación, tristeza y vamos a hablar de cómo llegar poco a poco a la aceptación de la realidad que hoy nos rodea y de un futuro incierto que probablemente sea distinto a lo que estábamos acostumbrados.

Los niveles de ansiedad y depresión han incrementado en los últimos meses. Aún cuando hemos tenido más tiempo, menos prisa y hemos aprendido a hacer las cosas de manera distinta es común que todas las cuestiones emocionales que hemos venido cargando desde hace tiempo en este momento se han agudizado. La situación empeora cuando a la par se encuentran también miedo, la incertidumbre y el desequilibrio que ha ocasionado esta pandemia. Se vale sentirse mal, es normal este desequilibrio. Necesitamos expresar lo que sentimos y si vemos que no mejora, estoy estancado o voy peor buscar algún tipo de apoyo profesional.


Es de vital importancia entender que aunque no tenemos el control sobre lo que está pasando globalmente, sí tenemos el control y el poder sobre nosotros mismos- ante la magnitud de la situación se nos llega a olvidar.

La forma en la que interpretamos, manejamos y sobrellevamos esta situación es responsabilidad nuestra.

La situación es compleja, la incertidumbre nos afecta a todos. No sabemos que va a suceder, cuanto va a durar y a veces ni cómo debemos de actuar. Esto no significa que no podamos hacer nada. Siempre podemos elegir, en este caso podemos enfocarnos en todo lo que hemos “perdido” y todo lo que “extrañamos” o podemos intentar construir una nueva realidad con los recursos que tenemos a la mano.


Por el momento es importante estar informados, sin llegar al extremo de estar revisando las noticias obsesivamente. En el momento que estas fuentes de información lleguen a ser abrumantes o a generar más ansiedad es momento de poner un alto.

Ahorita únicamente podemos ir un día a la vez, enfocando nuestra energía mental en las cosas que sí puedes controlar. Debemos aceptar las cosas que se salen de nuestro control y no engancharnos (con cómo actúan los demás, cuanto va a durar, qué sucederá en mi comunidad). Es sumamente difícil de aceptar pero no es beneficioso mantener la mente ocupada en estas cuestiones que simplemente no tienen respuesta. Las preguntas son infinitas, y al estar enfocados en encontrar respuestas inexistentes lo único que vamos a lograr es incrementar el estrés, la ansiedad y el agotamiento mental.


No puedes controlar lo que pasa en tu ciudad pero si en como minimizar los riesgos personales, tomando las medidas pertinentes.

También es bueno planear aquello que sí se puede, encontrar soluciones a las cuestiones que sí están en tus manos y tener estructurado un plan de acción.



Una de las partes más complejas es el aislamiento. Somos seres sociales, es antinatural estar encerrados sin contacto con nuestra red de apoyo, necesitamos esa conexión con los demás.

Es importante mantenerse conectado aún cuando físicamente estamos aislados. Las relaciones necesitan alimentarse, con la finalidad de no perder el contacto y seguirlas conservando para reencontrarnos cuando esto termine.

Para esto tenemos la ventaja del mundo virtual que tiene la capacidad de conectarnos con los que están lejos. Debe ser una prioridad mantener este contacto con amigos y familiares. Aún cuando el tema del momento sea la pandemia y sus consecuencias, el encontrar espacios, conexiones y conversaciones libres de este tema ayudan a dar un respiro.


El tiempo y el espacio se han relativizado exponencialmente. La atemporalidad se ha vuelto la norma. El “no saber ni en que día vivo” cada vez es más común. Estamos aprendiendo nuevas formas de hacer las cosas, es de vital importancia intentar tener cierta rutina y equilibrar momentos de trabajo, estudio, labores domésticas, tiempo de convivencia virtual o personal (con las personas con las que vivo) y muy importante encontrar espacios de ocio. Algo que ayuda mucho a contrarrestar estas emociones negativas es encontrar espacios en donde uno pueda hacer cosas que disfruta, aprender algo nuevo, tener metas u objetivos incluso algún proyecto.


Tú eres quien escribe tu propia historia, está en tus manos hacerla más utópica que distópica. Estos momentos de crisis nos obligan a renovarnos e innovar. Las crisis también son oportunidades, acaba una era y empieza otra. Está en ti definir y decidir cual será el futuro de esta historia.

Si sientes que no puedes avanzar y tu vida emocional te está hundiendo busca un apoyo profesional que te puede guiar a lo largo de este camino, existe una salida, es cuestión de buscarla.




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