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¿NECESITO AYUDA?



Hoy en día han habido enormes avances relacionados a varios temas el en área socio-cultural. Muchos tabúes que solían existir en nuestra cultura poco a poco se han ido atenuando. Sin embargo, el hecho de “ir a terapia” sigue siendo algo que es mal visto y que conlleva una serie de connotaciones negativas que hacen que el camino hacia mejorar la salud mental sea más complicado de lo que ya es por sí mismo. Muchas personas llegan al consultorio mencionando la pena o vergüenza que les hace sentir el tener que acudir a un espacio como ese. Por otro lado, comúnmente escucho como los individuos que tienen el valor de iniciar un proceso se sienten “débiles” o “locos”.


Sí, buscar ayuda profesional es muy complicado y complejo. Dar el primer paso es el más difícil de todos ya que implica tocar las fibras más sensibles de nuestro ser en un espacio nuevo y desconocido con una persona externa a nuestro círculo de confianza. Pero no, la terapia NO es para los “locos”, los “débiles” o exclusivamente para casos extremos.
La vida es una montaña rusa en donde los cambios en todos los ámbitos son inevitables. Somos seres humanos, no robots, que tenemos sentimientos, pensamientos etc que a veces no sabemos acomodar de la manera más positiva debido a que hay varios elementos que interfieren y un sinfín de aspectos inconscientes los cuales no nos damos tiempo ni el espacio para conocer, no nos permitimos identificarlos ni trabajarlos por múltiples factores propios de nuestra historia.



¿Y yo... necesito ayuda?

Es importante saber identificar cuando algún conflicto lo puedo resolver yo solo o si es hora de buscar algún tipo de ayuda profesional.

Cuando cualquier preocupación emocional o mental afecta tu vida diaria y tu funcionamiento se ve alterado (sueño, alimentación, energía, relaciones interpersonales, trabajo etc) es hora de buscar ayuda. Cuando un conflicto o alguna preocupación te hace perder más de una hora al día, te causa conflicto o vergüenza, te hace aislarte de los demás, disminuye tu calidad de vida y ha afectado tus relaciones es un foco rojo. Una terapia puede ayudarte a aprender qué estás sintiendo, por qué y cómo lidiar con eso.




En ocasiones específicas como duelos, separaciones, pérdidas, cambios, problemas de pareja, dificultades con los hijos, conflictos intrafamiliares, adicciones una terapia puede ayudar a hacer el proceso más llevadero en el área emocional al encontrar la mejor manera y conocer nuevas herramientas para lidiar con estas situaciones imprevistas que nos sacuden emocionalmente. Del mismo modo, puede ayudar a identificar el porqué detrás de lo que estoy sintiendo para así poderlo resolver de raíz.


Si existe cualquier condición que ha causado que te dañes a ti mismo o a los demás o si necesitas consumir alguna sustancia para ayudarte a lidiar con o a controlar tus emociones, es importante buscar ayuda profesional lo antes posible.
Algunos de los sentimientos que pueden ser indicadores claros de que un problema no se va a resolver por sí sólo son: estancamiento (en donde por más que se han intentado diferentes opciones no se encuentra la salida y el resultado siempre es negativo), niveles elevados de ansiedad, apatía, perder la esperanza, aislamiento, aplanamiento afectivo, sentirte constantemente abrumado o sobrepasado por algún aspecto de tu vida, niveles de estrés que ya no son manejables, condiciones físicas que no tienen ninguna explicación médica, fatiga constante y extrema, enojo desproporcionado, fallas en el control de los impulsos (sientes que no puedes controlar tus emociones).


No, los psicólogos no creemos que TODOS deben estar en un proceso terapéutico, pero si en este momento no estás feliz y sientes que tu vida necesita un cambio de rumbo, no te sientes “bien” y no sabes por qué, no puedes funcionar de la mejor manera o necesitas modificar aspectos personales y no sabes por dónde empezar un espacio terapéutico podría ser la solución.

Lee Ann Seifert

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