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  • Lee Ann Seifert Steinmetz

LOS RETOS DEL HOMESCHOOLING

Estamos inmersos en una realidad muy distinta a la que conocíamos. Lo que empezó siendo algo temporal, un cambio drástico en la rutina de unas pocas semanas se extendió y su permanencia parece no tener fin. Estamos adaptándonos y entendiendo poco a poco que esta modalidad es nuestra nueva realidad y que la vida como la conocíamos probablemente no vuelva a ser igual.


Esta situación ha traído varios retos, miedos, angustias e incertidumbres las cuales hemos tenido que aprender a enfrentar y solucionar. Ante algo de tal magnitud y al estar como adultos tan inmersos en lo que está sucediendo y todos los retos que conlleva, tendemos a olvidar que los niños a veces se convierten en las víctimas invisibles de esta situación.

Han existido factores positivos como poder pasar más tiempo en familia, llevar una vida menos acelerada y tener más tiempo, sin embargo, la crisis que estamos viviendo también ha traído consecuencias emocionales para los niños y adolescentes.



Aún cuando ellos tienen una capacidad de adaptación elevada, también han pasado por momentos difíciles desde hace unos meses. Su vida se inundó con demasiados cambios, una cantidad innumerable de sentimientos confusos junto con la necesidad de seguir llevando una rutina y apegarse lo más posible a la “normalidad” de las actividades que solían hacer.

La vida como la conocían desapareció de un día al otro sin previo aviso, su rutina, sus relaciones y sus actividades desaparecieron de inmediato, no tuvieron tiempo para prepararse para nada de lo que sucedió ni de lo que venía. Varios factores han tenido un impacto en el mundo emocional de los pequeños, la predictibilidad se esfumó y apareció el distanciamiento social en una etapa en donde la socialización es vital, la atemporalidad se volvió normal y predomina la carencia de un sentimiento de seguridad pleno. Los adultos también pasamos por esto, sin embargo, tenemos la madurez y las herramientas para entenderlo y enfrentarlo desde otra perspectiva.


Uno de los temas principales en el mundo de los niños ha sido la educación a distancia. Existe una preocupación excesiva por asegurar que los niños no se atrasen académicamente, pero no nos damos cuenta de que ante una situación de crisis no podemos actuar como lo hacíamos anteriormente y tenemos que ajustar nuestras prioridades y expectativas.

La escuela se ha convertido en una fuente significativa de estrés, ansiedad, frustración y sentimientos de culpa para muchos padres. Adoptaron repentinamente el rol de maestros para el cual no estaban preparados, no sólo por carecer de las herramientas para llevarlo a cabo, pero tampoco tienen el entorno apropiado que consiste en un salón con más alumnos y un espacio que invita a los niños a participar y aprender en un ambiente escolar.


No tienen las herramientas, ni los materiales, ni los años de entrenamiento para entender la manera en la cual se comportan los niños en esta modalidad ni para transmitir el conocimiento como están acostumbrados. El tener que congeniar los horarios de las clases en línea con los horarios de trabajo de los padres ha sido un reto.


Los padres han tenido que dividirse (en especial con los niños más pequeños) para hacer su trabajo y asistirlos en un horario fijo con las actividades que no pueden realizar independientemente. Todo esto junto con las fallas en la tecnología, el incremento en el tiempo dedicado a las labores domésticas, el carecer de los medios para tener acceso a la modalidad virtual ha causado mucha frustración y ha tenido un impacto negativo en la relación entre padres e hijos.

Una de las dificultades principales de la educación a distancia es la ausencia de los vínculos y la socialización, pilares fundamentales de la escuela presencial. Las habilidades socio-emocionales de los niños se han visto afectadas al no poder interactuar con sus compañeros y maestros debido al aislamiento. Los niños lo llegan a vivir como castigo, no pueden ver a sus amigos, se pueden contagiar, no pueden salir.

Es muy común observar en los niños y adolescentes falta de motivación, ansiedad, frustración, tristeza y confusión- todo por un virus “invisible” que es peligroso y para ellos muy abstracto, pero cambió por completo su vida. En muchas ocasiones no están motivados para aprender de esta forma y el estrés de los padres ha dificultado la situación.

En este momento estamos por incorporarnos a la escuela, iniciar un nuevo ciclo escolar de forma no convencional con muchos retos por delante. Aunque no es lo ideal ya tampoco es algo nuevo y hemos aprendido un poco. Con la finalidad de hacer más llevadero este proceso sugerimos que evalúen la situación y hagan consciencia de que modificaciones se pueden hacer para que este proceso sea más fácil. Es importante tener un espacio fijo, sin distractores con los materiales necesarios para que los niños puedan realizar sus actividades sin estresores extras.


Siempre ayuda establecer una rutina y un horario (que puede ser más flexible que el de la escuela presencial, sin que sea caótico) que ayuden a la predictibilidad y a que los niños se sientan seguros y tengan constancia y cierta estabilidad durante el día. Establecer objetivos realistas para tu familia, muchas veces nos dejamos llevar por lo que los cuentan, lo que vemos en las redes sociales y el deber ser. Tú mejor que nadie conoces a tu familia y sabes que se necesita para funcionar con armonía.


Se vale pedir ayuda, del tipo que sea… siempre hay alguien que puede apoyarte (en todas las áreas). El trabajo en equipo aligera la carga.

El aprendizaje se da en todos lados, aprovecha lo que estés haciendo en el momento para fortalecer el conocimiento (ej. Aprender fracciones al estar haciendo un pastel, leer las instrucciones para armar un juguete, etc.).

Por último, es vital en todo momento darle prioridad a la salud emocional de los hijos. Juega con ellos, habla de sus sentimientos- permite que expresen qué piensan y sienten. Hay que escucharlos y estar presentes (realmente presentes). El nivel académico lo van a lograr en algún momento, la inestabilidad emocional es mucho más difícil de corregir.



Es mucho menos grave perder el año que dañar la relación tan importante entre padres e hijos o sacrificar la salud mental. Si no ponemos en primer lugar el equilibrio mental de nuestros pequeños la crisis emocional al regresar a las aulas va a impedir que el proceso de aprendizaje fluya (entre muchas otras dificultades que pueden durar toda la vida=). Los maestros están altamente capacitados para nivelar a los niños cuando la situación se regularice.


Estamos atravesando por una situación de crisis sin precedente, hay que poner las cosas en perspectiva y priorizar lo realmente importante- la salud mental siempre va primero.

Autor

Lee Ann Seifert Steinmetz

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