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  • Lee Ann Seifert Steinmetz

CERRANDO CICLOS


Al pensar en la tradición popular de Navidad automáticamente imaginamos escenarios Navideños, celebraciones y tradiciones religiosas, posadas, diversión, villancicos, regalos, comida especial, convivencia en familia- en general es una época y una fecha que se relaciona con la armonía, ilusión, paz, unión, felicidad y entusiasmo. Al ser una fecha tan importante y significativa, hoy en día ya empieza la preparación desde meses antes.

En tiendas, en redes, en todos lados estamos bombardeados de artículos Navideños.


Sin embargo, hay individuos que no disfrutan del todo esta época, ni estos festejos, son fechas que pueden generar mucho estrés y ansiedad. Es un tema que no se habla comúnmente ya que genera mucha culpa y por otro lado una reacción de sorpresa, probablemente con un tinte negativo, en los demás. Tenemos tan integrada la relación entre Navidad-felicidad que a veces tendemos a minimizar el sentimiento negativo de fondo que nos puede llegar a generar.

La personalidad, la historia y el mundo interno de cada persona determina mucho de cómo se viven estas fechas, al igual que la interpretación del significado del festejo. Aún cuando es una fecha deseada y querida para muchos, puede llegar a generar sentimientos encontrados. Como diría Freud toda fiesta celebra a la vez un duelo y un pacto- duelo por lo perdido, los que no están y lo que no se logró y el pacto es un arreglo con la divinidad o la vida, lo imposible etc. Son sensaciones complejas con diversos significados- debemos abrirnos a experimentar lo que sea que se nos presente haciéndonos cargo de lo que nos pasa e intentando regular nuestras emociones. Es una fecha que genera mucha nostalgia tanto por lo bueno y lo malo que se vivió a lo largo del año.


Al darse al final del año es un momento de cierre, donde termina un ciclo y la manera de vivirlo y disfrutarlo se relaciona ampliamente con cómo fue esta etapa. La fiesta, el festejo por un lado brinda mucha alegría, algunos reconocen lo bueno que han vivido y logrado durante el año- la emoción por la presencia de seres queridos y la unión. Al ser una fecha que mueve tanto la parte emocional, hay quienes presentan síntomas que pueden parecer depresivos al ser un momento si ha habido pérdidas, por el mismo cierre del ciclo, los gastos, las tensiones familiares, el haber dejado proyectos inconclusos o planes sin concretar- este momento puede revivir el dolor. Es común que la reunión familiar genere angustia, a veces es vivida como una obligación. Si hay o han habido conflictos de pareja o entre familias puede ser un momento que genere más ansiedad que bienestar. Hay quienes interpretan que deben cumplir con tradiciones y/o costumbres con las que no están de acuerdo lo cual le quita toda la “magia” a la celebración.

Es importante identificar estos factores de estrés y angustia, ser honestos con nosotros mismos y buscar estrategias para disminuirlo, al igual que entender nuestras limitaciones. Si el malestar que genera este tipo de celebraciones llega a ser muy incómodo sería importante analizar qué es lo que hay de fondo y qué viene uno arrastrando desde hace tiempo (probablemente de forma inconsciente).


Por otro lado después de la Navidad nos encontramos terminando un ciclo, cerrando un año. Una etapa se cierra pero comienza otro con nuevos desafíos, cambios, promesas y oportunidades. Da nuevas posibilidades de replantearse cómo vivir los siguientes 365 de la vida.
Al ser un momento tan significativo a nivel mundial lleva a que tradiciones como los propósitos y la reflexión sean tomados muy en serio. Es algo muy motivante, sin embargo, deberíamos de enfocarnos en nuestros propósitos todos los días en vez de en un momento definido de manera tan radical.

Felices fiestas te deseamos en ÁNYMA Psicoterapia

Analy , Mayte y lee Ann


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